Malú:
Si
no recuerdo cómo te conocí,
cómo
fue que entraste en mi vida,
es
que ni el tiempo ni el modo conservan sentido.
Te
mantendré como el recuerdo de la propia sonrisa
o
del Sol en la bóveda,
como
todo aquello que no se mantiene inmóvil,
porque
al final nada lo está.
Recordaré
tu amistad sincera,
generosidad
ilimitada,
y
tu cocina exótica
de
estupendas melodías acompañada.
Recordaré
aquellas tardes al salir de la escuela
en
las que, por comprender a mi madre,
me
permitiste compartir tu mundo,
en
el que filmes franceses y relatos árabes
alimentaron
una semilla que mis padres,
sin
saber, habían sembrado.
Tu
nombre,
mi
nombre,
la
deliciosa charla de sobremesa mientras el Sol se oculta.
Las
historias de tantos mundos reunidos en el nuestro,
De
vocaciones sin nombre
De
independencia
Agradezco
cuanto fue
de
nuestro encuentro en esta vida,
y
cuanto será en la próxima
porque
tu fortaleza no se olvida
Y
el recuerdo
al
fin y al cabo, es vida.
Gracias
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